Palabras del inglés que no se traducen
Dhoni, kottu roshi, jachapuri: palabras que el diccionario solo puede dar con una descripción entre paréntesis, porque la cosa no existe aquí. Aquí están todas esas palabras del inglés: 41 palabras con una explicación de qué es y para qué sirve.
Palabras y lo que hay detrás
El día 26 de diciembre, fiesta tras la Navidad: rebajas con colas desde la madrugada, partidos de fútbol y el pavo de ayer recalentado. Nada que ver con el boxeo: el nombre viene de las cajas con regalos para sirvientes y pobres.
La conversación sin contenido — casi siempre sobre el tiempo — con la que se abre cualquier trato. No pretende informar: anuncia disposición a hablar. Saltársela da aires de brusquedad.
El gesto que merece un reproche en voz alta: uno de los pocos casos en que la cortesía británica cede. La reacción no suele ser un grito, sino un excuse me sonoro con una entonación que deja helado.
Petardo de cartón con forma de caramelo que dos comensales tiran a la vez con un chasquido. Dentro vienen una corona de papel, una chuchería y una nota con un chiste malo de propina. La corona se pone y se lleva durante toda la comida.
Té con scones, nata espesa y mermelada, sin sandwiches ni pasteles. Más sencillo y barato que el afternoon tea completo. El suroeste de Inglaterra lo considera suyo y lo disputa con Devon y Cornualles.
Torta redonda y gruesa con agujeritos en la cara superior, hecha a la sartén. Se tuesta y se unta con mantequilla, que se cuela por los agujeros. Va en el desayuno y con el té.
Huevos fritos, bacon, salchicha, alubias en salsa de tomate, champiñones, tomate y pan frito en el mismo plato. Se come los fines de semana y en cafeterías, no cada mañana al contrario de lo que se cree.
Comida del domingo al mediodía: carne asada, patatas al horno, verduras, salsa «gravy» y pudin de Yorkshire. Se reúne la familia o se va al pub. Los locales lo sirven solo los domingos y hasta que se acaba.
El pub más cercano a casa, al que se van durante años y donde conocen tu nombre y tu bebida. No es un pub cualquiera: my local roza la dirección. El camarero sirve sin preguntar.
Una sola habitación donde se duerme y se cocina, con el baño compartido por planta. Vivienda barata de estudiantes y recién llegados, casi siempre en una casa vieja repartida. La palabra funde bedroom y sitting room de una vez.
Autobús de dos plantas, rojo en Londres. La planta superior es descubierta y los asientos delanteros de arriba se consideran los mejores de la ciudad. Se paga con tarjeta al conductor y se sale por la puerta del medio.
Farmacia donde media estantería es de champú, cosmética y postales; el mostrador de recetas está al fondo. Boots es la cadena más conocida, y a la gente entra por algo más que medicamentos.
Tienda donde fríen pescado y patatas para llevar. Abre al caer la tarde, la cola espera en la calle y el pedido se envuelve en papel. En un pueblo pequeño el chippy es un punto fijo del mapa, como la iglesia y el pub.
Merluza o abadejo en rebozado de cerveza con patatas gruesas fritas, servido en papel con sal y vinagre de malta. Se come junto al mar, en pleno paseo. El local se llama «chippy» y suele abrir solo por la tarde.
Cafetería barata con manteles de plástico, donde sirven el desayuno inglés completo todo el día y té fuerte en tazón. El nombre significa literalmente «cuchara grasienta» y no se toma como ofensa: así les llaman los propios dueños.
El metro de Londres, el más antiguo del mundo, abierto en 1863. En la conversación lo llaman the Tube, por los túneles redondos de las líneas profundas. Mind the gap suena en cada estación de andén curvo.
Casa para dos familias con un solo muro compartido y planta en espejo. El tipo de vivienda suburbana más común; en los anuncios se abrevia semi. La aislada se llama detached y cuesta bastante más.
Paso con franjas blancas y negras y bolas amarillas intermitentes en los postes, donde el peatón puede cruzar de inmediato, sin botón ni semáforo. Los coches están obligados a parar, y paran.
Molde horneado de masa líquida que se infla en grasa muy caliente: crujiente por fuera y hueco por dentro. No es postre: se sirve junto a la carne y se rellena de salsa. En Yorkshire antes se comía antes de la carne.
Mercadillo de segundamano en un campo o aparcamiento: los vendedores llegan en coche, abren el maletero y despliegan la mercancía en mesitas. Empieza a las siete de la mañana del domingo, y lo mejor vuela en la primera hora.
Franja de arbustos y árboles entre los campos, a modo de valla. Con ellos está rayada toda la Inglaterra rural; algunos tienen varios siglos. La edad se calcula por el número de especies de árboles en treinta metros.
Fiesta oficial, casi siempre un lunes — normalmente el último de mayo y de agosto. El nombre es histórico: en 1871 una ley cerró esos días los bancos, y tras ellos se paró todo lo demás.
La calle comercial principal de la ciudad y, por extensión, las tiendas corrientes de toda la vida. «High street banks» son los bancos de siempre y «high street shops», los que están al alcance de todos. Su declive lleva años en las noticias.
Casa en una fila continua de casas iguales, con muros compartidos por ambos lados. Se construyeron para los obreros en el siglo XIX en calles enteras y siguen siendo una buena parte del parque de vivienda. Estrechas, de dos o tres plantas, con patio detrás.
No es solo una hilera de gente, sino un orden que se cumple con más rigor que una norma escrita: se forman uno tras otro sin vallado alguno y cada uno sabe quién va delante. Colarse es casi lo único que puede arrancar a un británico un reproche en voz alta.
Huerto urbano que el ayuntamiento alquila al vecino por poco dinero: una parcela con su cobertizo, lejos de casa. La lista de espera dura años. El derecho a estas parcelas está garantizado por ley desde 1908.
Tienda de bebidas alcohólicas para llevar. El nombre viene del tipo de licencia: «off» da derecho a vender para consumo fuera del local, a diferencia del pub, con licencia «on». En la conversación se queda en «offie».
Césped común en medio de la aldea, rodeado de casas, pub e iglesia. Los domingos se juega al críquet. El derecho a usarlo lo tienen los vecinos desde hace siglos, y no se puede edificar.
La vez que toca pagar la bebida para todo el grupo: cada uno, por turnos, invita a todos, y el orden se guarda de memoria. Irse sin pagar la propia ronda lo notan todos, y no lo olvidan pronto.
Tienda pequeña de barrio que vende de todo un poco y abre hasta tarde, normalmente familiar. Vive de estar abierta cuando lo demás está cerrado y de que el dueño conozca a los clientes por su nombre.
Tienda de segunda mano cuyos beneficios van a una ONG. Los vecinos llevan la ropa y tras el mostrador hay voluntarios. Hay una en cada calle mayor, y comprar allí no se considera señal de pobreza.
Pasta oscura y salada de levadura de cerveza que se unta finísima sobre el pan con mantequilla. El sabor es tan contundente que la marca hizo suyo el lema Love it or hate it. El nombre ya designa todo lo que parte a la gente en dos.
El martes anterior a la Cuaresma, cuando se fríen crepes finos con limón y azúcar: era el modo de gastar lo perecedero antes del ayuno. En algunas ciudades se corre una carrera con sartén, lanzando el crepe en marcha.
Pequeña tartaleta navideña rellena de fruta seca, especias y grasa. Carne no lleva desde hace siglos, aunque el nombre lo recuerde. Se deja en el plato para Papá Noel, junto a una zanahoria para el reno.
El 5 de noviembre: hogueras y fuegos artificiales en memoria del descubrimiento de la Conspiración de la Pólvora de 1605. En la hoguera arde un muñeco de Guy Fawkes, que los niños aún pasean por la calle pidiendo a penny for the guy.
La forma coloquial británica de paraguas, desgastada de umbrella. Vive sobre todo en Gran Bretaña y Australia; al estadounidense puede no entenderle. Llevarlo con cielo despejado se considera sensato, no manía: el tiempo cambia en una hora.
Bollete denso y sin azúcar que se parte con las manos y se unta con nata espesa y mermelada. El orden del untado es materia de discusión seria: en Cornualles primero la mermelada, en Devon primero la nata.
Té con sandwiches, scones y pasteles hacia las cuatro, servido en una torre de tres pisos. Lo inventó la duquesa de Bedford en los años 1840 para aguantar hasta una cena tardía. Hoy es más salida que costumbre.
Lo mismo que cuppa, pero en el norte de Inglaterra. Put the kettle on — «pon la tetera» — es la manera de proponer una charla. En el sur la misma palabra nombra la cerveza, y a veces confunde.
El aviso que suena entre diez y quince minutos antes del cierre, a menudo con una campana: después ya no sirven. Luego dan un drinking-up time para terminar los vasos, y a todos los echan.
Una taza de té y, de paso, una invitación a sentarse, charlar o recomponerse. Es un cup of tea desgastado en una sola palabra. Se ofrece ante casi cualquier suceso, de la alegría al pésame.
Por qué están estas palabras en el curso
Son las señas de identidad del idioma: no se pueden traducir porque la cosa que nombran no existe aquí, y son justo lo que oirás el primer día. Hay pocas a propósito: 41 palabras sobre 4042 palabras del curso. Un curso donde cada séptima palabra fuera local enseñaría folclore, no un idioma.
Cada palabra tiene aquí su propia página, con pronunciación, análisis de la escritura y ejemplo de uso.
Preguntas frecuentes
¿Por qué estas palabras no se pueden traducir sin más?
Traducir supone que la cosa también existe aquí y solo se llama distinto. Aquí no: «un dhoni es un barco» es cierto e inútil, porque barcos hay muchos y el dhoni se reconoce por su alta proa curva y por ser lo único que une las islas. La explicación responde por la cosa, no por la palabra.
¿Hay que aprenderlas sí o sí?
No antes que lo demás. Pero las encontrarás pronto: la comida local te la ofrecen el primer día, y la fiesta la nombran sin explicarla. Saber qué hay detrás de una palabra vale más que saber traducirla.